martes, 19 de septiembre de 2017

CON EL PERDÓN


Te recuerdo
en el compás de lejanas viejas danzas,
te recuerdo
en el vaivén de nuestro mar
de aquella noche,
en el temblor de nuestros labios
sobre Enero.

Te recuerdo
en los minutos que vivimos entre ondas,
que nos vieron
compartiendo tu gozar,
que encendieron
todo el fuego adormecido
en tu madera.

Como niños que despiertan
nos buscamos,
persiguiendo entre el placer el huir
a todo miedo del pasado,
para escribir
entre cien noches mil poesías,
confesarnos el ayer sin cobardía,
redimir abrazados
el dolor de dos almas,
de dos seres,
de dos vías diferentes pero unidas,
desnudas de complejos y temores.

Las penas han caído
y nos dejan la distancia,
la añoranza
de la unión de nuestros pechos,
frente a frente,
alejándonos despacio,
suavemente,
sin ruido ni clamor de soledades.

Todo pasa,
todo queda.

Te recuerdo,
y guardaré en mi memoria tu presencia,
la pasión de nuestros cuerpos
y este volar de nuestros tiempos
que se alejan.

jueves, 14 de septiembre de 2017

TIENTO Y TACTO


Caen las horas,
tal y como antes han caído hojas
en revuelta sensación que,
entre señales,
se fragua candente como el hierro.

He perdido en estas eras
muchas llaves que no me corresponden,
esgrimido los insultos
como argucias y argumentos,
compilado confusiones
en un escapulario de vidrios estallados,
he ocultado a la esperanza
la verdad de mis celdas secretas,
oteado desde los cerros muertos
mi ceguera adjudicada a los demás.

He redimido desde un púlpito reseco
la voz que a mi me he impuesto
en el temor de pronunciar
el sonido confundido de mi propio nombre,
he dibujado mi contorno
con un pincel de cerdas finas
arrancadas pelo a pelo de mi piel,
he sido el vigilante hueco
de las sombras escondidas en mis labios.

Ahora tú me anuncias
este camino largo y voluntario.

No clavo puntas en el corazón de las fuentes,
no yerro flechas lanzadas al espacio,
ni tallo la madera de mis troncos
con extrañas gubias de tristeza,
busco reducirme a la ausencia de mi mismo,
arqueado en la ternura
de las tardes de mil lluvias,
hasta ser perdonado y perdonar.

Busco ser hijo de las nubes
para llorar con ellas por vosotros,
vivir inflando mis pulmones
con el viento que en mi boca se introduce,
beberme a sorbos largos la mar,
transformarme en flor de arena
persistente en sal y brisa.

Ahora tú lees cada verbo antiguo
con el afán de interpretar
entre lineas las banderas que he tendido,
curtes las líneas de fronteras
de mis viejas pasiones relatadas,
me interpretas en la lectura libre de las almas,
cuentas mis mil gotas de los miedos
con tu cuentagotas de la paz.

Ahora alzas estandartes,
consejos azules cual tu cielo,
levantas la paciencia de saber cómo me encuentro
sin hacerme siquiera una pregunta,
adivinando e intuyendo mis temores,
haciendo vibrar mi confusión
para transformarla en el compás
de nuevos pasos firmes,
ahora deshilas muy despacio viejas vendas
que han envuelto dedos yertos.

Ahora lo sé.

He de volver a nacer,
ingresar otra vez al útero de Madre Tierra,
retornar transformado en niño,
en sentimientos.

CARA AL VIENTO


Hacia el viento voy,
sin miedo,
con la alegría del suspiro del halcón
libre en el vuelo.

Alzo los brazos,
aleteo,
elevando la cordura entre los aires
de estos días silentes.

Vuelo sin más que mi deseo,
extendido como soy
para elevarme entre las cumbres,
descender hasta los mares
y descubrir ante mis ojos
un amanecer de luz de plata y oro.

Vuelo sin más,
sin detenerme
más que para abrevar entre las fuentes
el agua que me avive,
recuperar las fuerzas
y volver para extenderme cara al cielo.

Libre,
en el amor y en la palabra,
en el arte de vivir siendo presente,
libre para encontrar sin ser buscado,
para escribir mi nombre
con letras de huracán en las paredes.

Libre,
de aire libre,
de pinos frente al altar de mi Poniente,
de mi Otoño de brillo renacido
y del fuego durmiente de mis arcos.

Hacia el viento voy,
ahora de cara,
sin ocultar ni mis arrugas ni pasados,
perdido el miedo y el temor
en cada verso
de mi libertad alcanzada.

martes, 12 de septiembre de 2017

LA FÓRMULA DEL AIRE


Te sueño.

Sigo soñando que te sueño
en cada instante vivido y por vivir,
en cada tiempo que en tus signos adivino.

Son tus brazos la fórmula del aire,
grito y rito recogido en los jardines,
disyuntiva que se acerca a las farolas
con el acento cantor de tus naciones.

Eres vela en mi retiro de ermitaño,
río calmo que no cesa en su carrera,
eres viento suave de verano
henchido de calor y de dulzura
que derrama con sus pasos la ternura
de tu corazón abierto e inmenso.

Sabes que tu voz será soneto
que envuelto en las arenas vibre,
sabes que tus pies se harán raíces
que asentarán la tierra anciana
bajo el olivo que incitará a soñarnos.

Tras de tus huellas crecerán aceras
abiertas hacia avenidas de vanguardias
para librar y celebrar unidos la victoria,
y entregarle a las mañanas nuestro vértigo
flotando sobre archivos olvidados.

Brillará tu piel envuelta en fuegos,
en la ternura de tus rayos sobre lunas,
capturando los candiles de las noches
que hemos de bautizar con las pasiones
abrazados a madrugadas de las almas.

Pues siempre estás, porque te siento
como rumor de bosque en los momentos
en que mi caminar se hace pausado,
con la garganta abierta a la poesía
te requiero entre las calles de Diciembre,
llamándote, cubierto por la escarcha,
por tu nombre de retamas y de flores,
clamando por tu aroma y tu mirada,
porque no quiero que te apartes
de mis caminos azules de esperanza.

ME PREGUNTO....


Como inepto conspirador de vidas
fui un escualo de atolón atolondrado
navegante sobre días de parajes de mar turbio,
con mis aletas sumergidas en la nada,
rondando oscuros arrecifes
de soledad del cazador de vanidades,
empujado hacia el alma muerta del coral.

Me volví nómada marcado a fuego
por el hierro que mis genes me dictaron
en el instante de mi concepción involuntaria,
viajero de estaciones de oscuridad heladora,
oculto tras baúles de vacío,
caminante inconsciente de destinos incompletos.

Mi hice corredor en las aceras
diseñadas por mi astucia para ejercer huidas,
mi hice entre paisajes
que obligué a caducar ante mis ojos
sobre cuerpos entregados a mi estafa,
propietario de noches de ternura inexistente,
de palabras lisonjeras,
en el engaño de las pieles que se rozan,
en el cariño fingido de egoísta errante.

Explorador fui en andares sin destino,
palpador de la nostalgia no aceptada,
al remover en el cobijo de los cielos
el encuentro de un olvido que sanase
cicatrices arrostradas,
aprendiz de niño esclavo entre sus miedos.

Hube de varar en tierra firme
para hacerme memoria entre los pasos
del son agudo del desierto,
regresar desde los llantos
a la verdad abandonada de mi infancia
de los prados adornados por la nieve,
hube de volver a aprender
a leer entre sus hojas los anales de los árboles.

Retorné a la par del mar para medrar
en las memorias de un marinero insurgente,
con los pulmones limpios,
risueño delfín narrador de acantilados,
espía extravagante de la costa
y de sus álamos.

Y sé que tú,
mujer tendida como isla entre las aguas,
amante de las brisas
de las tardes de este Norte embravecido,
estás cercana,
como en espera,
presente y prudente ante tus vallas abiertas,
quizá sabiendo o sin saberlo,
ausente en tu retiro
de viejas barcazas y de bosques.

Y yo,
aquél que tanto ha divagado,
el que vaga envuelto entre sábanas de sueños,
me pregunto si una tarde de verano,
que albergada de esperanzas nos acecha,
dejarás tu rastro en las llagas de mi cuerpo
y alcanzarás a descubrirme,
renaciendo nuevo sobre tus senos nobles,
sobre tu madurez de guardiana de mis llamas.

Yo pregunto
si desearás expresar sobre mi pecho
el deseo abierto como exclusa incontenida
de amor que se libere en mis canales
y en los tuyos.





lunes, 11 de septiembre de 2017

MI FARO


Aire, Fuego, Tierra y Agua
manejan las escalas de sus noches,
henchido de compasión se esfuerza
tierno y constante en su renuncia,
azorado por el agua en sus cristales,
azaroso misionero de la costa.

Es mi haz de luciérnagas curiosas,
guarida de galernas
recostada sobre un tálamo de rocas,
linterna frágil que parece perseguir
Continentes misteriosos.

Es humilde mi faro,
diminuto vigilante de mañanas de oro,
de tardes que se mecen entre algas
y sobre estelas plateadas
dibujadas por las proas.

Parece débil cuando guía,
vergonzoso,
a las anclas oxidadas y a las velas
que lejanas como paños se despiden,
pero es recio
en su entrega entre la niebla,
silenciosa su brújula modesta y solitaria,
e incrustada entre el granito
tiñe en blanco su corteza
la luz tímida y tenaz de ser profeta
de distancias.

OTOÑO


Que el Otoño sobrio nos alcance
desde su sinfonía de hojas secas
como notas engarzadas
en el pentagrama del viento,
que afine su clave de Sol,
de Sol tierno en madrugadas
descritas con acordes rojos.

Que sea caricia no anunciada
la sintonía de timbales
de su lluvia en las ventanas,
que suspire en arpegio de violines
sobre la corriente del río,
sobre murmullo de diapasones
de noches de leyendas claroscuras.

Que se acerque,
que se arrime a nuestro fuego
recitando madrigales y tonadas,
con sus nieblas atrapadas en los cerros,
componiendo polonesas en los mares
con las teclas de su arena.

Que golpee nuestra puerta
su murmullo intenso de baladas,
con la licencia de compases
de un bolero entre el ramaje,
con trombones en el cielo
anunciando con los truenos la tormenta,
con su música entregada
entre valles con los tonos de una marcha,
y las luces de la noche,
sobre el agua,
reflejando una habanera.