jueves, 29 de septiembre de 2016

ENTONCES....


Y para entonces nuestros hilos,
hilos tenues que se afirman,
se harán guía conductora de los versos,
de los tuyos,
de los míos,
de los nuestros,
rimados a la par en el aliento
y secretos descubiertos
que la vida les infunde
en sus sonidos.

sábado, 24 de septiembre de 2016

HABLA CON NOSOTROS


Desde la escritura de sus remos
hasta la esencia salina de sus brújulas
residen empotrados en las radas
los correos que redacta con apellidos de medusas
y caligrafía recta de mujer experta en vientos.

Todo es en sus fondos conscientes
pues es la mar añeja,
acento central de los sargazos,
boga suelta de colores viejos.

Todo es la mar;
desde sus islotes descalzos,
en su risa de gaviotas,
en la voz de sus buques encallados,
escorados sobre las cuerdas raídas.

Todo en ella arena y algas;
zozobra que armonizan reflejos noctámbulos,
marismas y escollos durmientes,
hasta el despertar súbito
de astrolabios de humedad callada,
con la canción del Noroeste replegado
sobre la plata de su manto
de eternidad de estelas luminosas.

Sentados sobre el granito herido
hemos hoy vuelto a palpar
en los sargazos sarmentosos el afecto,
a escuchar en su voz viva
el nicho inmortal de la entereza.

Han vuelto a hablar las olas.

Han vuelto para dialogar con los cormoranes,
espectadores desde las estacas
de los fondos velados,
para brincar con conchas y caracolas
que aparentan muerte
pero aún respiran la sensatez
del calcio y de la sal.

Han regresado a nuestras manos sus sílabas
a pronunciar nuestro apellido,
el que en esta existencia premiosa
habíamos negado y olvidado.

Han retornado para hablar de ti y de mi,
de los días dolientes
en los que perdimos nuestro albedrío,
de nuestro oleaje de ida y vuelta,
de la resonancia conjunta
hospedada bajo un mojón
marcado por medio siglo de inquietudes.

Ha vuelto la mar
a nuestros dedos engastados de desidia
para hacernos convivir
con lo que se supone inerte,
para tallar un costal
con la quilla vieja de nuestra nao.

martes, 20 de septiembre de 2016

INDICE DE ESPACIOS


Quien primero se atreva a interpretar
los renglones curvos de las nuevas lluvias
que humilde alce su dedo índice,
y le indique a los demás
el recorrido de las nubes plañideras,
pues en la superficie de las olas
no se advierten las lágrimas profundas
que se aferran a nuestros arrecifes
como fruto cautivo de todos los naufragios.

Como barcos pequeños,
anclados en su espera en la ribera,
hemos de volver al viejo mar,
señor herido por la zozobra de sus duelos,
a dibujar estelas de consuelo
y cautelas que seres nuevos guardarán
enredadas para el futuro en sus pestañas.

En nuestro pecho habremos de acoger
el viento salado que escala viejos sueños
con el afán de remendar,
bajo la penumbra que se angosta,
las redes olvidadas en los puertos
de estos años de fuego y abandono.

Cantará el aire el rumor de antepasados.

Será señal para izarnos sobre el vértigo
y navegar para acoger entre las manos
las manos hermanas de las mareas blancas,
para olvidar esquirlas de la fría muerte
y orar callados ante la visión de orillas,
perdido entre las llamas de Poniente
el agotador faro del rencor.

Hablarán los astros,
hablará la Historia,
con su lenguaje antiguo y sabio,
antaño convertido por armas de venganza
en silencio oscurecido,
hablará en azul la aurora roja
de relatos que el tiempo hará brotar
naciendo en nuestros labios,
para bordar en las sonrisas de los niños
el futuro de renglones adheridos
a los signos de las nubes.





domingo, 4 de septiembre de 2016

ORACIÓN DEL INFINITO


Es este silencio un canon lento
no de desidias ni de orgullos,
es silencio de simiente que se esparce,
es oración del caudal del río
libre y sujeto a las lluvias y mareas.

No es desdicha,
aunque el corazón haya dolido,
es lección para mis ídolos caídos
y para mis máscaras,
que hacia mis suelos ruedan.

No busco compasión,
no quiero que me entregues universos;
solo pido el perdón de tu infinito,
de los días y las noches de tu mar
que abandoné por los trigales,
de aquella luz de Sol poniente
que tus manos me entregaron
y rechacé
con el pecado de olvidarte.

No quiero que me entregues tu inocencia,
no suplico ni tu cuerpo ni tu alma,
solo recito,
lentamente,
con la voz quebrada y la memoria abierta
el profundo recuerdo de lo escrito
a través de la vida y de sus tiempos
con el canto de los bosques y los grillos
que aún reclaman frente al cielo
tu presencia.