martes, 11 de julio de 2017

PEDESTAL DEL TROVADOR


Hoy desciende de su pedestal el trovador.
Contempla la angustia de la plaza
afinada por el pasado de sus cuerdas.

Deja a su espalda la rabia de la soledad,
esconde entre las piedras
un permiso dorado para sus canciones,
pero su laúd se calla,
se conforma con no sonar
para disiparse como palabra permanente,
para ser trueno de los siglos
o presente contemplativo de su púa.

Sabe que para conocer respuestas
no ha de inventar preguntas,
sabe del compás en fuga de unas rimas,
no le pone nombre a las ausencias,
no se lastima en las madrugadas
con la furia de los días cercados de mentiras.

No quedan flechas que lo puedan herir,
no es abismo;
todo se vuelve inmenso en su mirada,
todo lo atraviesa el tallado de sus párpados.

Abandona el bardo sobre las losas
sus pasos sigilosos,
apagados y cargados de armonías.





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