martes, 1 de agosto de 2017

ALMOHADA DE ROCÍOS


Se ha ocultado el Sol,
lo ha apagado una bendición de lágrimas.

Será esta noche la lluvia mi paisaje,
y con cada una de sus gotas
dibujaré un arco iris
decorado con palabras.

Se repartirá tenaz en mis cristales
el sonido que no cesa
y el vaivén del aire en tus caminos.

No le temeré al temporal,
ni a su viento de tejas agitadas;
en él estarás envuelta,
desplegada entre las hojas
que alocadas mecen tu existencia,
girando entre sus remolinos tiernos.

Solo estaré, pero no solo.

Te soñaré en el sonido de la lluvia
que exhorciza con su son
todos los miedos,
te contemplaré en la tempestad,
sonriente,
feliz sacerdotisa
de algún culto milenario de tus cumbres.

Callaré, escucharé.

Abriré los ojos para verte,
en pie,
poderosa entre las aguas
que nos sanan con su llanto
sobre el manto sagrado de los bosques.

Por si un día me recuerdas entre sueños
que me acaricie tu mirada,
que me imagines
cabalgando entre nubes pobladas de poemas
que fui enredando en tu cabello.

Si me recuerdas por un momento,
con mi fe,
mi dolor y pensamientos,
hazlo sin prisa,
como las risas
que abrigaron nuestras noches de desvelos,
como nuestros incendios de lujuria
en cualquier amanecer de los sonrojos,
azoradas nuestras pieles de promesas,
dibujados tus deseos
con la inocencia de mis rimas.

Y aunque ni hoy ni nunca olvide
las aguas de tu arroyo,
como vida breve del rocío
recitaré sobre mi almohada
las tonadas desbordadas del olvido.